Tony lo sabe, algo va a cambiar

Tony sabía. Algo dentro de él, algo muy diferente a la vida que conocía, le hacía saber, le hacía entender cosas que otros no llegaban a percibir.

A pesar de haber llegado a lo más alto en su círculo, llegando a ser el número uno de los Jets, sabía que las bandas no eran ya para él, que una formación cuya unidad se basaba en la violencia y el odio por otros y no en lo que les hacía iguales solo le traería problemas. Y demostró un valor mucho mayor que el de enfrentarse en las calles a los Sharks, puesto que se enfrentó de alguna manera a los suyos y a los convencionalismos que regían sus vidas desde siempre, y las dejó. O al menos las dejó mientras pudo, hasta que su sentido de la amistad, que estaba más allá de la percepción del peligro (“de la cuna a la tumba”) le obligó a volver a ellas. O al menos, a volver a enfrentarse con quien hiciera falta con tal de vengar al que más que su amigo era su hermano.

Sabía también que algo iba a pasar, y hace que se nos ponga el vello de punta cuando le oímos cantarlo. Porque nosotros sabemos antes que él que María es eso que está a punto de llegar y que él predice y tanto desea. Y efectivamente, llega.

Y con todo lo que sabía, y por mucho que lo intentó, Tony no fue capaz de escapar a su destino. Su idealismo no le salvó de haber nacido en un lugar y en un momento que no eran los equivocados, puesto que su destino era encontrarse con María, pero sí hacían muy difícil vivir según sus principios y salir bien parado.

Aunque seguro que, de haberlo sabido con anterioridad, hubiera aceptado de buen grado su destino, sabiendo que finalmente podría terminar sus días en los brazos de María.

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