La policía en West Side Story

Hoy vamos a salirnos de las bandas para analizar a la parte opuesta de la historia: la policía. Y es que los Jet y los Sharks tienen los unos en los otros a sus mayores enemigos, pero ambos confluyen en un enemigo común, del que a veces consiguen burlarse y que otras veces personifica todos sus miedos: la autoridad.

Dicha autoridad está encarnada por dos personajes muy diferentes entre sí, y no solo por los estereotipos más básicos del poli bueno y el poli malo. Se trata de Krupke y Schrank.

El primero es más fácil para los chicos, se presta a la burla porque no actúa con tanta contundencia como ellos esperarían de una figura como la suya. Saben que pueden sobrepasar el límite y permitirse cierto descaro. Muy posiblemente, Krupke no sea un cobarde ni un blando, sino que comprenda a los chicos mejor que ellos mismos y tenga la esperanza de que algún día se enderezarán. Mientras, no le preocupan algunas faltas de respeto siempre que no se altere demasiado el orden en la calle.

El segundo se define perfectamente en su primera frase en la obra: “¡Me importa una mierda que os matéis entre vosotros, pero no se os ocurra hacerlo en mi turno!”. No sabemos los orígenes de Schrank, pero cabe suponer que viene de un entorno parecido al de los chicos. El hecho de haber pasado a formar parte del bando de “los buenos”, de los responsables de la ley y el orden, le otorga a su parecer cierta superioridad moral, además de la legal obvia que le da su uniforme. Por eso, parece que el sentimiento que más le provocan los chicos, tanto de una banda como de otra, es de molestia. Él, que ha sido capaz de llegar a velar por la seguridad de un barrio, no debería tener que molestarse porque estos niñatos, de uno y otro lado, hayan decidido declararse mutuamente la guerra. Está convencido de que no se lo merece.

Si tiene que elegir, por supuesto, se queda con los Jets, ya que sus argumentos no llegan mucho más allá de que estos están en el sitio que les pertenece y los Sharks están acabando con la paz del barrio desde que llegaron. Pero tampoco tiene mucha simpatía por unos chicos que en lugar de replegarse y dejar una parte del espacio a los nuevos deciden complicarle la vida generando peleas y problemas.

Quizá, en el fondo, Schrank se siente mucho más identificado con ellos de lo que podrían llegar a imaginar ninguno. Ni los Sharks, ni los Jets ni él mismo.

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