Doc, la sabiduría y la paciencia

Hoy nos vamos a centrar en uno de los personajes más entrañables de West Side Story: el que parece ser el único adulto en toda la historia al que realmente le preocupan los chicos y los líos en los que estos se meten.

Doc es en sí mismo una encantadora contradicción. Es un solitario que siempre tiene compañía. Es el personaje de mayor edad, pero el adulto que está más integrado en el mundo de los jóvenes. Y posiblemente, el que mejor los comprende.

Es también el que, sin ser de ninguna de las bandas ni familiar de ninguno de ellos, actúa más parecido a un padre. Por supuesto, con las posiciones contrapuestas que eso supone: es el que intenta que se vayan a casa a una hora decente, el que les habla de cuando él tenía su edad (aunque lógicamente ninguno de ellos escuche ese tipo de historias), el que intenta que entren en razón sugiriendo arreglar sus diferencias con un partido de baloncesto y dejar a un lado las armas… y también el que se desespera cuando se da cuenta de que no piensan con la cabeza y que son incontrolables. Y por supuesto, el que está ahí cuando Tony necesita una oportunidad para salir de ese mundo callejero y hacerse un hueco en una vida más “normal”, dándole un trabajo que el joven agradece sinceramente y de corazón.

Podría parecer que nadie toma en serio a Doc, por cómo desoyen sus consejos y cómo incluso le llegan a ignorar en ocasiones. Sin embargo, algo muy especial le une a los chicos, especialmente a Tony, como podemos comprobar en el mimo con el que este realiza un cartel para su tienda con el que pretende sorprenderle y en el que prefiere centrarse mejor que ir a pelear.

Pero Doc no quiere carteles, ni regalos, ni sorpresas. Mucho menos sorpresas. Lo último que hubiera deseado en la recta final de su vida es encontrarse con que su querido Tony partiría antes que él. Ahora le toca seguir caminando, un poco más solo todavía.

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